Dos semanas después del sorpresivo ataque estadounidense en Caracas que llevó al secuestro del dignatario Nicolás Maduro, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, han mostrado una relación de entendimiento y cooperación binacional, en un marco de respeto mutuo.
Cualquier líder mundial puede dar fe de lo importante que es una relación personal y efusiva para Trump, solo hay que preguntarle al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky.
A Delcy Rodríguez le faltaba uno de estos elementos, hasta la semana pasada.
El miércoles, Trump sorprendió a muchos conocedores venezolanos diciendo que mantuvo una llamada telefónica con la líder venezolana encargada en la que abordaron «muchos temas».
El 9 de enero, Trump invitó a varios ejecutivos petroleros a presentar propuestas de inversión en la industria petrolera venezolana.
El jueves, Rodríguez anunció una reforma a la Ley de Hidrocarburos que regula la extracción de petróleo en Venezuela.
Relación de inteligencia
El mismo día que anunció las reformas legales, Rodríguez se reunió con el director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas. Un encuentro donde se abordaron «temas de cooperación para la lucha contra el narcotráfico, materia de inteligencia y la estabilidad económica», de acuerdo a un funcionario norteamericano.
Es la primera vez en más de una década que un miembro del Gabinete estadounidense visita Caracas y el preludio de una relación mucho más estrecha entre ambos países.
El viernes 16 de enero se registró el primer vuelo, desde el pasado 10 de diciembre, con migrantes venezolanos que se encontraban en Estados Unidos a través del Plan Vuelta a la Patria.



