La compañía global de servicios petroleros SLB (antes Schlumberger) se posiciona para ser uno de los principales beneficiarios de la nueva estrategia de la administración Trump destinada a reactivar la producción de crudo en Venezuela, según fuentes cercanas a las conversaciones entre el sector privado y el gobierno estadounidense.
Mientras otras grandes firmas estadounidenses redujeron al mínimo sus operaciones o se retiraron del país debido a las sanciones económicas de los últimos años, SLB mantuvo una presencia estratégica y operativa limitada en el territorio venezolano. Esta decisión le otorga ahora una ventaja competitiva significativa para liderar la recuperación de una infraestructura petrolera severamente deteriorada tras años de subinversión y gestión deficiente.
Conversaciones avanzadas y hoja de ruta
De acuerdo con los reportes, SLB ya se encuentra en conversaciones avanzadas con funcionarios estadounidenses y ejecutivos de la industria para delinear la hoja de ruta de la reactivación. La capacidad técnica y logística de la empresa es vista como crucial para incrementar el bombeo en el corto plazo, un objetivo que la Casa Blanca ha marcado como prioritario para estabilizar los mercados energéticos globales.
La estrategia representa un giro pragmático en la política exterior de Washington, cuyo enfoque parece centrarse ahora en “inundar el mercado” con petróleo venezolano, más allá de consideraciones políticas internas. Se espera que la administración estadounidense facilite licencias operativas y garantías que permitan a las empresas trabajar con mayor seguridad jurídica.
Competencia en el sector de servicios
No obstante, la competencia promete ser intensa. Halliburton, otro gigante del sector, ha anunciado mediante su CEO, Jeff Miller, que prevé reactivar sus operaciones en Venezuela en cuestión de “meses”. Miller minimizó la ventaja de SLB y destacó que su empresa cuenta con una plantilla de unos 600 empleados venezolanos listos para retornar, así como con activos móviles que permitirían un despliegue rápido.
“No creemos que haya una ventaja insuperable por haber permanecido en el país. Tenemos la capacidad de movilizarnos con agilidad”, declaró Miller al Financial Times.
Junto a SLB y Halliburton, se espera que otras corporaciones como Chevron –que ya opera en Venezuela bajo una licencia especial– expandan su participación. Sin embargo, son las empresas de servicios las que poseen el capital humano y el equipamiento especializado in situ requerido para las urgentes tareas de reparación, mantenimiento y estimulación de pozos.
El desafío no es menor. La industria petrolera venezolana produce actualmente alrededor de 800.000 barriles diarios, muy por debajo de su potencial. Recuperar los niveles de producción requerirá inversiones masivas, tecnología avanzada y, sobre todo, tiempo.
Para el gobierno venezolano, la reactivación del sector significaría un flujo vital de divisas en un contexto de profunda crisis económica. Para Washington, convertir a Venezuela nuevamente en un proveedor energético confiable para Occidente forma parte de una estrategia geopolítica y económica de largo alcance.
Mientras tanto, las grandes compañías de servicios petroleros se preparan para lo que podría ser una de las mayores operaciones de recuperación industrial de la década en el hemisferio occidental.
Con información de Banca y Negocios.



