La incursión militar de Estados Unidos ejecutada el pasado 3 de enero, que derivó en la extracción del mandatario Nicolás Maduro y su esposa —ahora bajo custodia federal en Washington—, ha sumido a Venezuela en un terreno inexplorado. Mientras la Casa Blanca, liderada por Donald Trump, despliega funcionarios para administrar una transición que califica de «segura y adecuada», y la vicepresidenta Delcy Rodríguez asume la jefatura de Estado prometiendo defender los intereses nacionales ante la intervención foránea, los mercados globales evalúan los daños colaterales de una economía en ruinas.
En medio de esta incertidumbre política y el evidente deterioro institucional, el banco de inversión suizo UBS ha emitido un informe en el que advierte a los inversionistas globales sobre los inmensos desafíos que supone la normalización financiera de la nación caribeña. Para la entidad, el cambio de gobierno no garantiza una solución rápida a los problemas de fondo.
Laberinto financiero sin precedentes
El diagnóstico de UBS es contundente respecto al pasivo externo del país, que acumula más de ocho años en cesación de pagos (default). La firma calcula que las obligaciones en moneda extranjera superan los 100.000 millones de dólares, una cifra astronómica para una economía cuyo tamaño real se desconoce debido al apagón estadístico de los últimos años.
“Venezuela necesita llevar a cabo una de las reestructuraciones de deuda soberana más complejas de la historia moderna”, aseguraron los analistas Alejo Czerwonko, Alberto Rojas y Giovanni Staunovo en el reporte.
La complejidad no radica solo en el monto, sino en la anarquía de la estructura de la deuda. El banco destaca la falta de claridad sobre la jerarquía de los reclamos y la diversidad de instrumentos legales en juego, que van desde bonos soberanos y corporativos hasta préstamos bilaterales y pagarés. Además, la situación legal de los acreedores es dispar.
“Algunos inversionistas ya cuentan con sentencias legales en cortes internacionales, mientras que otros no”, recordaron Czerwonko, Rojas y Staunovo, señalando la desigualdad de condiciones en una eventual mesa de negociación.
A este panorama técnico se suma la variable geopolítica. La presencia de potencias rivales de Estados Unidos en la lista de cobradores añade fricción al proceso.
“Los factores geopolíticos, incluyendo los roles de China y Rusia como acreedores importantes, agregan otra capa de complejidad”, escribieron los analistas, subrayando que los intereses estratégicos de Pekín y Moscú podrían chocar con la hoja de ruta de Washington.
Cautela ante el costo de oportunidad
Ante la ausencia de datos macroeconómicos creíbles sobre el Producto Interno Bruto (PIB), el déficit fiscal o el nivel real de las reservas internacionales, UBS recomienda prudencia extrema. La entidad sugiere que apostar por la deuda venezolana en este momento conlleva riesgos elevados, especialmente cuando existen activos mucho más seguros y rentables en el mercado actual.
“Con los bonos del Tesoro de EE.UU. rindiendo actualmente entre 3,5% y 4,5% y una canasta diversificada de bonos soberanos en dólares superando el 6,5%, esperar una resolución a la situación de deuda de Venezuela implica renuncias importantes”, según los analistas, refiriéndose al costo de oportunidad de mantener capital inmovilizado en títulos venezolanos a la espera de una recuperación incierta.
El petróleo: una recuperación lenta y costosa
A pesar de contar con las reservas de crudo más grandes del planeta, UBS descarta que el cambio político se traduzca en una inundación inmediata de barriles venezolanos en el mercado internacional. Las sanciones continúan vigentes y la infraestructura de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) sufre los estragos de años de desinversión y falta de mantenimiento.
El tipo de crudo venezolano —extrapesado, con alto contenido de metales y azufre— complica aún más la ecuación, pues su comercialización es menos ágil y requiere procesos de mejoramiento costosos. Incluso en un escenario de levantamiento de restricciones, el repunte sería marginal a corto plazo.
“No anticipamos ningún impacto significativo en los balances del mercado global en los próximos 12 meses”, dijeron los analistas.
La entidad proyecta que, en el mejor de los escenarios, Venezuela podría aspirar a recuperar los niveles de producción previos al embargo, pero alcanzar esa meta tomará años. Hacia finales de la década, el aporte venezolano podría ser crucial ante la escasez de oferta global, pero llegar a ese punto demandará una inyección masiva de recursos.
“La recuperación de la producción petrolera venezolana requeriría gastos de capital sustanciales tras décadas de subinversión”, destacaron los analistas.
Así, mientras Washington y Caracas miden fuerzas en el plano político, el veredicto financiero de UBS sugiere que el camino para rescatar a Venezuela de su colapso económico será largo, costoso y estará plagado de obstáculos legales y diplomáticos.
Con información de Bloomberg Línea.



