El papa Francisco ha beatificado y canonizado a varias figuras religiosas de Centroamérica, y durante su pontificado han avanzado otros procesos.
Óscar Arnulfo Romero es el único santo de Centroamérica proclamado por el papa Francisco.
En octubre de 2018, fue canonizado, convirtiéndose además en el primer santo de El Salvador.
Su proceso hacia la santidad inició en 1990, una década después de su asesinato mientras oficiaba misa antes de que estallara la guerra civil salvadoreña.
Dos años después de haber asumido el papado, Francisco lo beatificó tras reconocer su martirio, lo que permitió avanzar en su camino a la canonización.
Finalmente, en una multitudinaria ceremonia en la Plaza de San Pedro en 2018, Romero fue proclamado santo: «San Óscar Romero supo encarnar con perfección la imagen del buen Pastor que da la vida por sus ovejas», dijo el papa entonces.
Otra importante figura, ya beatificado en El Salvador, es el sacerdote jesuita Rutilio Grande, quien junto a los laicos Nelson Rutilio Lemus y Manuel Solórzano fueron emboscados y asesinados en una zona rural de El Salvador, en 1977.
Ha sido durante el pontificado de Francisco que el sacerdote y los feligreses fueron beatificados en una ceremonia en la Plaza Salvador del Mundo, en San Salvador.
Aunque el papa no estuvo presente, desde el Vaticano declaró: «Estuvieron al lado de los pobres, dando testimonio del Evangelio, de la verdad y de la justicia, hasta el derramamiento de su sangre.»
Estos no son los únicos casos en El Salvador.
En 2024, la Iglesia católica del país propuso al menos 40 nuevos nombres para su posible beatificación y canonización. Entre ellos, los llamados «Mártires de la UCA», un grupo de seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras asesinados el 16 de noviembre de 1989 en la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA) durante la guerra civil.
En la Iglesia católica, la beatificación es un paso previo hacia la canonización.
Asimismo, en Guatemala, durante el pontificado de Francisco se han avanzado en otros procesos similares.
En 2018, Francisco beatificó al guatemalteco Luis Obdulio Arroyo Navarro y Tulio Maruzzo, asesinados el 1 de julio de 1981 en Izabal, Guatemala, por su labor en defensa de los campesinos durante el conflicto armado interno en ese país.
La nación guatemalteca solo cuenta con un santo reconocido hasta ahora: San Pedro de San José de Betancur, nacido en las Islas Canarias en 1626 pero cuya labor se desarrolló en Guatemala. El papa Francisco ha impulsado otros procesos de beatificación en el país centroamericano.
Uno de esos casos es el de la monja María Teresa de la Santísima Trinidad Aycinena y Piñol, cuya causa aún se encuentra en fase de investigación.
Aycinena y Piñol fue una monja carmelita guatemalteca, conocida por la manifestación de estigmas, un fenómeno atribuido a santos dentro de la tradición católica.
Hasta el momento, en Honduras no se conocen públicamente procesos de beatificación promovidos por Francisco.
¿Qué son la beatificación y la canonización?
Según el Vaticano, la beatificación y la canonización son dos etapas del proceso para reconocer la santidad de una persona.
La beatificación es el paso previo a la canonización y permite que alguien sea reconocido como «beato», es decir, que vivió en santidad. Para ello, el Vaticano debe comprobar la existencia de un milagro atribuido a su intercesión.
Una vez beatificado, se autoriza su culto a nivel local.
Por otro lado, la canonización es el reconocimiento definitivo de la santidad de una persona. Para este proceso se requiere la comprobación de un segundo milagro. Una vez canonizado, la Iglesia permite su culto público universal y se le declara oficialmente santo.
El 25 de febrero, el papa Francisco aprobó la canonización del beato José Gregorio Hernández, de Venezuela.
La decisión del pontífice, hospitalizado en condición crítica pero estable, fue dada a conocer tras una audiencia con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede.
La Causa de Santidad de José Gregorio Hernández inició en 1949. En 1986 el papa Juan Pablo II lo declaró venerable, reconociendo sus virtudes heroicas.
En 2020, el papa Francisco aprobó un milagro que se le atribuye, lo que condujo a su beatificación en abril del 2021.
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